DESIERTO DE TABERNAS - Almería 

DESDE LA ESQUINA

Cada mes en www.tabernas.org una visión del mundo desde la esquina. Situaciones de la vida contadas desde un punto de vista diferente. La realidad vista desde la esquina por un observador anónimo. Cualquier comentario a esta sección: tabernas@terra.es 

Febrero 2.004
CARTAS PARA ANTONIO

Marzo 2.004
LA BODA

Junio 2.004
UN DÍA DE PLAYA

 UN DÍA DE PLAYA
   Hace unos días, como si de una nevada se tratase, comenzó ese sofocante calor tan característico de nuestra tierra. De golpe y sin previo aviso, a traición, llevo cuatro días buscando bermudas y camisetas de manga corta.
   Al ir rebuscando en el armario, me pasó como a todo el mundo, encontré todo lo que no necesitaba en este momento, pero que si había buscado en un montón de ocasiones.
   De todo lo que encontré, lo que mas me sorprendió fue un bañador de cuando tenía unos siete u ocho años. Al cogerlo entre mis manos, vinieron a mi mente esos días de playa que marcaron también un poco nuestra educación. Cuando me refiero a nuestra educación, lo hago pensando en la gente que tiene mas o menos mi edad, y que seguro que cuando lean estas líneas se sentirán identificados.
   Hoy en día gracias a las magnificas carreteras, y gracias a los rápidos y cómodos coches, el acercarse a la playa es algo menos que ir a tomarte un café en el bar de la esquina, pero en aquellos años la cosa era muy distinta, a la playa se iba un día, un solo día, y nada mas que un día.
   Justo después de terminar las clases, la primera pregunta que hacías a tus padres, suponiendo que hubieses aprobado, era que día íbamos a ir a la playa.
   El ritual era el mismo todos los años, (nene tenemos que esperar a que vengan los tites de Barcelona, para ir todos juntos) yo lo sabía pero por probar que no quedara.
   El mes de Julio se hacía interminable, mis tíos venían en agosto todos los años y este por supuesto también.
Mientras tanto practicaba en la bañera de mi casa, con unas gafas y un tubo de buceo que mi madre me había comprado, eran de color azul, todos mis amigos tenían un juego igual al mío, es mas creo que todos los niños de España tenían uno, incluso los que vivían en Madrid.
   Por fin llegó Agosto, por fin llegaron mis tíos y mis primos y se acercaba el gran día.
Siempre el día elegido era un domingo, todo el mundo elegía el domingo, éste era el motivo del primer inconveniente, había que madrugar para coger un sitio bueno.
   A las cinco de la mañana ya estábamos todos en pié menos mi madre que lo había hecho una hora antes para terminar de preparar la comida.
   Entre todos cargábamos la furgoneta, que se llenaba hasta los topes y eso que era grande.
   Después de revisar siete veces las puertas, el gas butano, etc. Nos poníamos en marcha, aunque era verano era totalmente de noche, pero había que aligerar porque mis tíos de Almería nos esperaban en el cruce de San José, siempre íbamos a San José era parte del ritual, yo hasta los 18 años no conocí otra playa.
Cuando llegamos al cruce, allí estaban mis otros tíos, a mi tío José nunca se le hacía tarde, yo alguna vez pensé que dormía allí en el cruce.
   Estábamos a la mitad de camino y mi primo ya tenía hambre, la verdad es que parecía que veníamos por lo menos de Alemania, que lejos estaba entonces San José.
   Por fin llegamos, las siete y media de la mañana y ya estábamos allí, claro que ya había 25 ó 30 coches que habían llegado antes, mi tío José dijo "El año que viene tenemos que madrugar más".
Sin perder ni un segundo, nos lanzábamos a descargar los coches que parecían mas bien de inmigrantes marroquíes franceses que no nuestros.
   Mi padre y mis tíos parecían sherpas, sólo que con las piernas blancas, porque eso era lo que se les veía, solamente las piernas, de cintura para arriba eran cómo un bazar del todo a cien.
   Una vez instalado el pequeño poblado que formábamos, llegaba el gran momento, nos acercábamos despacito a la orilla para que el agua no nos diera de golpe, ya que al principio está muy fría.
   Ya estaba dentro del agua, había esperado un año pero merecía la pena, era una sensación mágica. El flotar, el nadar (o lo que aquello de mover los brazos parecía), el mirar con las gafas el fondo, el vaivén del agua que te arrastraba, las extranjeras que ya empezaban a hacer top-less, en definitiva una serie de sensaciones que sólo se podían vivir allí, y por desgracia una sola vez al año.
   COmo si de un maratón se tratase, no salíamos del agua hasta la hora de comer. La comida la hacíamos en diez minutos, y corriendo otra vez al agua que si no había que esperar cuatro horas, que según mi madre duraba la digestión, yo creo que cómo antes la gente tenía mas tiempo, por eso todo duraba mas, hasta la digestión.
Mis padres al igual que mis tíos, apenas se bañaban, se dedicaban a comer, a hablar, a hacer de vigilantes de la playa en versión rural, y a esperar a que pasase el día lo antes posible ya que para ellos era una paliza.
   Después de cinco prórrogas de cinco minutos, nos salimos del agua con el consiguiente enfado, porque aunque poco pero todavía queda sol. Estoy arrugado y con la sensación de que tengo la cabeza mas gorda, y es que ha sido mucho sol para tan poca cabeza. Mi madre me da la última pasada de Nivea, (entonces no había ni bronceadores, ni protectores, ni nada de eso, Nivea y se acabó).
   Cómo si de un circo se tratara, llegaba la hora de desmontar la carpa, recoger todos los enseres, cargarlos en los coches y volver a casa.
   El coche se aleja, y yo por la ventanilla sigo mirando la cala, ahora si que está tranquila, y pienso si el año que viene volveremos.
   Ya en mi casa, después de ducharnos y haber dejado mas de diez kilos de arena en la bañera, nos sentamos en el salón y nos relajamos un poco. Mis padres parecen dos salmonetes y yo un langostino, los tres nos quedamos durmiendo.
   Ahora que si quisiera podría ir casi todos los días a la playa, apenas lo hago un par de veces. Y es que ya no es lo mismo, lo de antes si que era un autentico "DIA DE PLAYA". 
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