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Es de plena actualidad, la boda de su majestad el Príncipe Felipe y su
prometida doña Leticia. Yo nunca he asistido a una boda de ese tipo, pero
supongo que será bastante diferente a las demás bodas normales.
Las otras, las normales, a mí me parecen todas lo mismo y la
que voy a detallar a continuación, podría ser la plantilla o molde de la
mayoría de ellas.
Sábado 25 de Julio, cuatro de la tarde, cuarenta grados a la
sombra, me encuentro delante de mi armario pensando en qué me pongo para
ir a la bode de mi amigo-conocido Joaquín. Es importante saber elegir,
porque además de ir presentable, a tu novia le tiene que gustar la
combinación que has elegido. Al final me decido por un pantalón negro y
una camisa celeste, que es de un género fresquito que hoy va a venir
bien.
A las cinco me encuentro afeitado, duchado y vestido. He de
recoger a Clara (mi novia), a las cinco y media ya que la boda es a las
seis, no pudieron ponerla más tarde porque ya había otra. A las seis y
diez estoy todavía sentado en el sillón de la casa de Clara, mientras
ella no para de repetir "no te desesperes que son dos minutos".
Veinte minutos después Clara entre en la iglesia al sprint y yo cerrando
el coche le digo: "Yo voy a la cafetería, que seguro que la iglesia
está a tope y hay que dejarle sitio a la familia de los novios".
Póngame un cubata con mucho hielo, pero rápido que este
cura es de los modernos y en veinte minutos los despacha. Empieza a salir
la gente, me bebo de un trago lo que me queda de cubata y me voy a la
puerta. Se me han calmado un poco la sed y el sudor. Al acercarme veo un
grupo de personas, todas con una camisa celeste, por lo visto han
contratado una banda de música. De pronto descubro que no, que no hay
banda, son mis amigos, ellos también se han comprado una camisa celeste.
Ya me lo dijo el dependiente de la tienda, "este color se lleva
mucho". Allí estamos todos.
Fernando: Un poco mayor que nosotros, casado de
penalti, con tres hijos, un estómago más grande que le de una vaca y el
cerebro todo lo contrario. Trabaja en la construcción.
María: Mujer de Fernando. Desde los seis años su
única ilusión en la vida era casarse y tener hijos. Lo que se suele
llamar una mujer de su casa.
Jorge: Mecánico, buen tío, es inteligente y buen
compañero, su único defecto es su novia.
Jenifer: La novia de Jorge. Es la típica "Barbie"
Super Mega Pija. Trabaja en un bufete, atendiendo el teléfono, aunque
cualquiera diría que el bufete es suyo.
Andrés: Tranquilo, calmado, sosegado. Es funcionario
de la Junta, tiene menos pulsaciones que Indurain con sedantes.
Lola: Novia de Andrés. Parece como si fuesen dos,
nunca sabes si va o viene. Lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es
peluquera.
Y bueno, Clara y yo.
Empezamos la típica conversación de las bodas: ¿Qué? -
Pues nada, aquí de boda - Vaya que sí - Que guapos vais - Vosotros
también - Qué calor hace ...
Atención salen los novios y no tenemos arroz.
Andrés: A mí me da igual
Fernando: Es igual, le tiramos chinorros
Pero no hay problema, en todas las bodas siempre hay alguien
que se encarga de llevar arroz. Pasa nuestra amiga Angustias con una bolsa
de doce kilos y reparte arroz a todo el mundo. De repente se ve una nube
blanca. Con qué mala leche tira la gente arroz, yo creo que en venganza
por haberlos invitado a la boda.
Bueno, pasado este trámite, son las siete, ya llevo tres
horas sudando, como la cena es a las nueve y media, iremos a tomarnos algo
para hacer tiempo. Ya en el bar. "Camarero por favor, seis cañas,
una coca-cola light (para Jenifer) y un tubo y un bocadillo de jamón
(para Fernando, que dice que no ha comido mucho en el almuerzo).
Son las diez y cinco, más de quinientas personas esperamos
apiñados en la puerta del restaurante a los novios. Ya llevo seis horas
sudando y empiezan a dolerme los pies.
Jenifer: Yo estuve en una boda en Madrid en la que la
espera de los novios se hacía en un salón comiendo canapés y escuchando
un cuarteto de cámara.
Fernando: Yo ya tengo hambre.
Andrés: A mí me está dando sueño.
María: Nosotros también nos retrasamos en la
nuestra.
Lola: Es que tenían capricho de echarse unas fotos en
la playa.
Fotos en la playa, pues menos mal, porque si les da por
hacérsela en Sierra Nevada...
Al fin llegan los novios, y como si alguien hubiese dicho
tonto el último, entramos a empujones y nos sentamos. Suena la marcha
nupcial, entran los novios, nos ponemos en pie, aplaudimos y de inmediato
otra vez a la silla.
Suena la música que anuncia el primer plato, y como si
estuviese ensayado, todo el mundo coge su servilleta y la hace girar por
encima de su cabeza. Qué vergüenza, con lo grandes que somos...si
parecemos helicópteros. Esto se repite cada vez que los camareros,
desfilando tipo legionario sacan otro plato.
De pronto mis tímpanos tiemblan y están a punto de
romperse. "VIVAAAN LOOOOS NOOOOVIOS". En todas las bodas hay
alguien que se encarga de decir eso, en esta el encargado es Fernando.
Qué potencia de voz, lo repitió más de cien veces, cuanto más comía y
bebía más fuerte gritaba el bicho. Parecía un ciervo en el tiempo de la
berrea.
La una de la madrugada, llevo nueve horas sudando. Es la hora
de los cubatas y el baile. Para pillar un J&B con un refresco llamado
WISIN o algo parecido, hay que luchar en una cola que parece la del siete
de Enero en las puerta de El Corte Inglés. Al final lo conseguimos y nos
vamos a bailar.
Jorge y yo con una losa tenemos de sobra, Andrés se ha
quedado sentado echando una cabezadita (no sé cómo puede dormir con
tanto jaleo) y Fernando va de un lado hacia otro haciendo una especie de
aerobic espasmódico.
Dos canciones sueltas y dos pasodobles y asentarse que ya no
puedo más. En eso pasa Fernando al frente de una conga, con un puro en la
boca echando un humerío que parece una locomotora de verdad.
Fernando: !Ya estáis sentados. Fijaos en mí y eso
que soy mayor que vosotros!
Son las tres, llevo once horas sudando y los pies ya no los
siento. La gente empieza a irse y nosotros también. Preparo el sobre con
150 € porque Lola ya nos había dicho que el cubierto costaba 45 €. En
fin, 45 € + 45 € + 60 (qué menos) = 150 €. !Qué noche podría
haber pasado en un Meliá...!
Los novios: LO QUE DICEN Por qué os vais tan pronto
LO QUE PIENSAN ¿Cuándo se irán los que quedan?
Nos despedimos nosotros también. Adiós Fernando, Jorge,
María, Lola, Jenifer, Andrés ... Adiós. Claro y yo nos hemos quedado
solos y claro, es Sábado, hay que aprovechar que no se sabe cuando
tocará otra vez. Otra vez a sudar.
A las cuatro y media, después de
ducharme me meto en la cama, con la sensación de que vengo de la Guerra
del Vietnam.
Las bodas son malas. Ojalá que no me inviten a ninguna más,
ni siquiera a la mía
Tabernas, Marzo 2.004 |